Victor Crespo (Sevilla, 1972)
“La Guardia Civil necesita medios y un sistema de jubilación digno”
Víctor Crespo es el reflejo de la realidad de quienes han vivido la frontera en primera persona. Sevillano y guardia civil, su carrera se ha forjado entre Ceuta y Melilla, escenarios de tensión constante y de noches que se convirtieron en auténticas pruebas de resistencia. Con la serenidad que da la experiencia, Crespo reflexiona sobre la falta de reconocimiento político y reivindica la necesidad de medios y condiciones dignas para quienes custodian la seguridad en los límites más sensibles de España.
- ¿Cómo empezó su camino en la Guardia Civil y qué le llevó a estar destinado en la valla de Ceuta?
Yo era militar en el Aeródromo de Tablada, en Sevilla, donde estuve destinado entre 1994 y 2001. Intenté ascender a suboficial, pero no lo conseguí. También me presenté dos veces a la Policía Nacional; en la última prueba me eliminaron. Como siempre me atrajo el ámbito policial, decidí presentarme a la Guardia Civil. Lo aprobé todo a la primera y, además, con muy buenos resultados.
En la Academia llegó el momento de elegir destino. Conocí a alguien de Ceuta y pedimos ir allí. Finalmente, realicé mis prácticas en esa ciudad. Soy sevillano, y aquel año de prácticas en la Comandancia de Ceuta fue muy completo: nos tocó hacer un poco de todo.
- Mirando atrás, ¿qué momentos de su trayectoria recuerda como los más duros y cuáles como los más gratificantes?
Los momentos más duros, profesionalmente hablando, los viví en mi primera etapa destinada en Melilla, que fue donde llegué ya como guardia civil de carrera. La presión migratoria en aquellos años, especialmente entre 2004 y 2005, era altísima. Hubo dos noches en las que la situación se desbordó por completo: tuvo que intervenir el Ejército y numerosos Grupos de Reserva y Seguridad (GRS). Fue una auténtica batalla campal. Allí estaba incluso el jefe de la Comandancia. Nos atacaban con todo lo que podían, y aunque recibimos apoyo de los militares marroquíes, la presión era enorme. Todo aquello estaba claramente planificado por bandas y clanes organizados.
En cuanto a los momentos más gratificantes, siempre han estado vinculados al compañerismo y al orgullo de cumplir con nuestro deber en circunstancias tan difíciles. Saber que, pese a la dureza, conseguimos mantener la frontera y proteger a la ciudadanía es algo que deja huella y que compensa los sacrificios.
- Muchos compañeros en la reserva deciden volver a primera línea. ¿Qué cree que impulsa esa decisión y cómo se vive el reto de seguir en un destino tan exigente?
Sinceramente, no lo sé con certeza. Supongo que influye el complemento salarial que se percibe en Ceuta y Melilla. Además, la Unidad de Fiscal y Fronteras resulta muy exigente en determinados aspectos, lo que convierte el trabajo en un reto constante.
- ¿Qué le diría a quienes cuestionan la necesidad de que la Guardia Civil tenga un sistema de jubilación equiparable al de otros cuerpos autonómicos?
Por definición, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado deberían ser las que más cobren en activo y, en consecuencia, también en reserva y jubilación. Son quienes asumen más competencias, funciones y responsabilidades.
Sin embargo, en este país ocurre justamente lo contrario. La situación no es nueva: la responsabilidad recae en todos los gobiernos que han pasado por España desde la transición, porque ninguno ha afrontado de manera justa esta desigualdad.
- Desde su experiencia en la frontera, ¿qué razones cree que explican por qué todavía no se ha avanzado en la equiparación salarial y en un sistema de jubilación digno?
No se avanza porque no existe voluntad política. Prima el poder de los gobiernos sobre los ciudadanos, cuando en realidad somos el pilar fundamental de cualquier Estado. Esa falta de compromiso político es lo que impide que se reconozca de manera justa la labor de la Guardia Civil y que se establezca una equiparación salarial y un sistema de jubilación digno.
- ¿Qué consejo daría a los jóvenes guardias civiles que llegan a destinos como Ceuta, donde la presión y la responsabilidad son tan altas?
Toda mi vida laboral se ha desarrollado entre Ceuta, Melilla y nuevamente Ceuta. No soy quien para dar consejos, pero sí puedo decir que el destino concreto del perímetro fronterizo resulta, en ocasiones, muy exigente. Necesita personal joven, con energía y motivación. Pero, sobre todo, requiere medios: tanto humanos como materiales, para poder afrontar con garantías un trabajo de esa magnitud.