Javier Albalá Hidalgo (Almería, 1981)
“Los agentes somos vulnerables. Hay que endurecer las penas y dotarnos de medios”
Javier Albalá Hidalgo, agente de la Guardia Civil de Seguridad Ciudadana desde 2007 y actualmente destinado en Roquetas de Mar, relata con crudeza la agresión sufrida fuera de servicio cuando intentó mediar en una situación violenta en plena vía pública: “lo peor no fueron los golpes por mi condición de guardia civil, fue que mis hijos lo viesen todo”
Usted vivió una agresión. ¿Estaba en acto de servicio o fuera de servicio aquella noche en la calle Laurel? ¿Cómo se desarrollaron los hechos y qué impacto tuvo en usted?
Ese día había terminado mi turno de tarde. Me encontraba en mi casa, sobre las 23:00 horas, cuando escuché una discusión en la calle. Al salir, pude ver que mi esposa estaba recriminando a unos jóvenes por insultar y dar patadas a una señora mayor que pasaba por allí. Se trataba de un grupo compuesto por un chico y dos chicas.
Al salir a la vía pública, uno de ellos comenzó a dirigirse hacia mí diciendo: “¿Tú qué te crees, que por ser Guardia eres el sheriff?”. En ese momento se incorporaron más familiares de los jóvenes, de etnia gitana, que residen en un edificio contiguo en calidad de ocupas. Estas personas sabían que yo era Guardia Civil porque me habían visto en alguna ocasión con el uniforme.
Empezaron a increparme y, en un momento dado, sin previo aviso, uno me lanzó un puñetazo al rostro, dejándome aturdido. Acto seguido comenzó una lluvia de golpes, patadas y arañazos con una violencia extrema, mientras decían cosas como: “¿Ya no eres tan chulo, eh, guardia?”.
Después de un tiempo, que a mí se me hizo eterno, algunos de ellos se dieron a la fuga y otros subieron a su vivienda. He de agradecer la rápida actuación de mis compañeros, quienes acudieron enseguida y actuaron de manera ejemplar, logrando localizar rápidamente a uno de los autores y proceder a su detención.
Estos hechos han tenido un impacto muy negativo en mí. No tanto por las lesiones físicas, que incluyen una fractura del hueso malar y diversas cicatrices, sino porque mis dos hijos presenciaron la agresión.
¿Cree que contar con equipamiento como una pistola táser podría haber cambiado el desenlace? ¿Qué otras medidas considera necesarias para prevenir agresiones a agentes?
La pistola táser es una herramienta muy útil, que ha permitido resolver multitud de situaciones difíciles desde su implementación en Roquetas de Mar. Lamentablemente, a nivel particular aún no es factible su utilización.
¿Considera que el Gobierno y el Ministerio del Interior están haciendo lo suficiente para proteger a los guardias civiles, especialmente en zonas de alta conflictividad como Roquetas de Mar?
Existe un sentimiento generalizado entre los agentes acerca del abandono que sufrimos las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad (FFCCS), ya que está demostrado que resulta muy barato agredir a un guardia o a un policía. Además, en cuanto a medios y personal, existe una carencia generalizada que no solo dificulta la atención adecuada al ciudadano, sino que también complica garantizar mínimos en la seguridad de los agentes que intervienen.
En muchas ocasiones debemos acceder a barrios conflictivos con una sola patrulla, debido a la escasez de personal y de recursos. Sin duda, el Gobierno podría hacer mucho más, empezando por declarar la profesión como de riesgo, tal y como evidencian las decenas de agresiones anuales en todo el territorio, así como los accidentes y otras situaciones similares.
¿Cree que los miembros de las fuerzas de seguridad están actualmente desprotegidos frente a situaciones de violencia? ¿Qué medidas urgentes deberían tomarse para mejorar la convivencia y garantizar su seguridad?
La vulnerabilidad de los agentes, desde mi punto de vista, proviene de una legislación que ha demostrado ser insuficiente por su tibieza. Agredir a un agente de la autoridad acaba, en muchas ocasiones, en una simple multa. Es necesario que el legislador endurezca las penas que conlleva dicha agresión, además de invertir en una Guardia Civil y una Policía modernas y sin tantas carencias.
¿En qué punto se encuentra actualmente el proceso judicial tras la agresión, y hasta qué punto ha sido importante para usted contar desde el primer momento con el respaldo jurídico y humano de una asociación como JUCIL?
Actualmente, el proceso se encuentra a la espera de fecha para juicio.
Me gustaría dar las gracias a JUCIL, desde el delegado provincial, Rafael Maldonado, que se ha preocupado personalmente desde el principio por mi caso, y al equipo jurídico de JUCIL, en este caso Miranda Asesores, así como a la letrada que me representa, Mercedes, los cuales están haciendo una gran labor jurídica.
En estos casos es cuando uno se da cuenta de que es imprescindible contar con apoyo y asesoría de calidad.